sábado, 10 de septiembre de 2022

Cómo el uso de ibuprofeno y de otros antiinflamatorios puede ser contraproducente

 

Cómo el uso de ibuprofeno y de otros antiinflamatorios puede ser contraproducente 

Los antiinflamatorios más usados pueden traer más problemas que ventajas para tratar dolores articulares y crónicos

Todos los días al levantarte por la mañana, o después de hacer ejercicio, te duele la espalda, o la rodilla, y sin pensarlo te tomas un ibuprofeno. 

Este es un gesto normal para muchas personas.

 La inflamación es mala, así que hay que controlarla con antiinflamatorios.

 Sin embargo, varios estudios recientes indican que en realidad esta no es una buena idea, y que el tiro de los antiinflamatorios puede salir por la culata.


Los antiinflamatorios no esteroideos, o AINE, son una categoría de medicamentos que conocemos por sus fórmulas: ibuprofeno, naproxeno, diclofenaco, e incluso el ácido acetilsalicílico, la aspirina de toda la vida. 

Son unos de los medicamentos más consumidos. 

Hay que tener en cuenta que el dolor de espalda es la segunda dolencia crónica en España, por debajo de la hipertensión, y que la receta habitual son estos medicamentos.

   Estos antiinflamatorios se usan para aliviar el dolor, reducir la inflamación y bajar la temperatura. 

Sirven igual para un dolor de cabeza que para una menstruación dolorosa, un esguince, o los dolores musculares de la gripe. 

Pero, a pesar de su uso tan extendido, incluso a largo plazo, en los últimos años se ha ido poniendo de relieve en la literatura científica que sus efectos secundarios no son desdeñables, especialmente en personas mayores. 

 Una reciente revisión de estudios enumera estos riesgos de los antiinflamatorios no esteroideos cuando se consumen de forma continuada:  Gastritis y úlcera gástrica: se calcula que hasta el 35% de las úlceras pueden estar producidas por los AINE.  

Afectan a los riñones y pueden producir fallo renal.

 Aumentan el riesgo de infartos cerebrales y cardíacos hasta en dos veces.

 Afectan a la funciones cognitivas y aumentan el riesgo de demencia. 

 El conocido riesgo de úlceras y problemas gastrointestinales se suele intentar contrarrestar con medicamentos para controlar el ácido como el omeprazol. 

Sin embargo, también se ha visto que el omeprazol y otros medicamentos similares alteran la microbiota y aumenta la inflamación.  

  Por qué necesitamos la inflamación 

La inflamación en sí no es buena ni mala.

 Imaginemos que nos hemos torcido un tobillo, que empieza a hincharse y a doler. 

Esta es la fase aguda, justo después de sufrir una lesión, y aquí la inflamación es necesaria para llevar oxígeno y nutrientes frescos a los tejidos y órganos afectados y arrancar el proceso de curación. 

  En esta fase aguda, el uso excesivo de antiinflamatorios puede interferir con el proceso natural de curación de la lesión. 

En un metaestudio con deportistas se pudo comprobar que los AINE, como el ibuprofeno y el naproxeno, reducen la masa de colágeno en el lugar donde se produce la lesión. 

El colágeno es precisamente el tejido que el organismo necesita para curarse.

 Por si fuera poco, los AINE reducen la producción del factor de crecimiento similar a la insulina, una hormona que acelera la curación y regeneración de los tejidos.

  Aunque los AINE alivian el dolor articular y reducen la inflamación a corto plazo durante un par de semanas, también retrasan los tiempos de curación y aumentan las tasas de reincidencia en las lesiones hasta en un 25%. 

El resultado es que los deportistas, incluso los que solo hacen ejercicio una vez por sermana, son capaces de volver a la actividad más rápidamente, pero a medio plazo la lesión vuelve, porque esa articulación está más débil que antes.  

 Incluso en la fase subaguda, entre dos y seis semanas después de la lesión, también es necesaria cierta inflamación para que el proceso de curación no se detenga.

 Los autores del estudio llegan a decir que “no recomiendan el uso de antiinflamatorios en lesiones musculares, fracturas óseas o tendinopatías crónicas”. 

 Los antiinflamatorios que inflaman 

Paradójicamente, el uso a largo plazo de antiinflamatorios no esteroideos en realidad puede aumenta los niveles de inflamación crónica de bajo grado, que es el tipo de inflamación asociada a las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y la depresión. 

Los AINE funcionan inhibiendo las enzimas que regulan la producción de prostaglandinas, mensajeros químicos que activan la inflamación.

 Sin embargo, un estudio ha revelado que esto podría afectar a la capacidad natural de su cuerpo para gestionar la inflamación, y llevar a un estado de inflamación crónica cuando se suspende el tratamiento.  

No hay que olvidar que la inflamación desbocada también es un problema. 

En el caso de las lesiones en las articulaciones, huesos y músculos, si la inflamación es excesiva o se prolonga puede producir una degeneración de los tejidos. 

Sin embargo, los expertos autores de los estudios antes citados coinciden en que los antinflamatorios no esteroideos deben emplearse según la indicación del médico, y siempre a corto plazo, como mucho durante una o dos semanas, y solo cuando haya inflamación excesiva o dolor insoportable. 

Hay otras soluciones bien conocidas para tratar la inflamación: mantener la extremidad lesionada en alto, aplicar hielo, aplicar compresión, y también utilizar suplementos como la cúrcuma, vitamina D u omega-3, que son moduladores (no supresores) de la inflamación.  

 Además, el ejercicio físico y en especial los ejercicios de fuerza, con cargas progresivas usando el dolor como medida del esfuerzo que podemos hacer, se han revelado como la solución más efectiva para recuperarse de las lesiones y prevenirlas en el futuro.

 Tomar pastillas de ibuprofeno como si fueran caramelos para poder funcionar día a día es un parche que, a la larga, nos puede pasar factura. 

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