domingo, 3 de abril de 2016

Algunos hombres groseros.


Algunos hombres groseros.
Sigo sin explicarme toda esta impunidad machista y clasista de la que disfrutan ciertos hombres de corbata.
En ese sadismo que supone intentar desestabilizar a las mujeres dirigiendo el discurso hacia lo personal, lo físico o lo íntimo.
Pareciera que hay hombres cuya única meta en la vida es penetrar a las mujeres en privado y hacerlas llorar en público.
Desde la ilustración, eso sí.
Porque todos estos hombres se jactan de una educación, una cultura y una posición en el mundo digna de los dioses del Olimpo.
Y desde ahí, y aunando toda la condescendencia del mundo, tratan a las mujeres como niñas pequeñas o personas sin capacidad de discernimiento.
Como frágiles cervatillos asustados que necesitan protección.
Y cuando se encuentran de frente con mujeres que defienden una postura con vehemencia o tienen una opinión propia resulta que lo que están es mal folladas o que deben de tener la regla.
Dos razones, curiosamente, que, uno: o debe ser solucionada por un hombre (follándolas bien); o dos: va ligada intrínsecamente a lo femenino (menstruar) y a aquello que el hombre no podrá nunca hacer.
Sí, las mujeres necesitan de esto que yo tengo entre las piernas para estar calmadas y además son unas locas porque de entres sus piernas solo sale sangre.
Y así van intentando minar poco a poco la estima.
Me pregunto por qué Alfonso Rojo puede decir que Tania Sánchez se descoca y enseña canalillo o que Beatriz Talegón se ha puesto gordita.
Me pregunto por qué Carolina Bescansa tiene que escuchar que Federico Jiménez Losantos le pegaría un tiro con una escopeta.
Que debe haber dopado a su bebé para llevarlo al Congreso.
Y ahora lo habrá tirado a la basura porque ya no lo saca.
Me pregunto por qué Ada Colau tiene que escuchar que Alfonso Rojo, de nuevo, le diga que está gordita para el hambre que pasa.
Que debería estar fregando suelos según el concejal del PP Òscar Berman.
O sirviendo pescado según el académico de la RAE Félix Azúa.
Mujeres que tienen que tienen que escuchar comentarios sobre
sus tetas
su peso corporal
su ejercicio de la maternidad
su legitimidad a la hora de ocupar determinados puestos.
¿Podríamos imaginarnos a Eduardo Inda haciendo un comentario sobre lo abultado del paquete de Pedro Sánchez?
¿A Paco Marhuenda diciéndole a Albert Rivera en medio de una discusión que ha engordado?
¿A Sánchez Dragó llamando mal padre a Rajoy?
¿A Salvador Sostres mandando a Pablo Iglesias a poner lavadoras?
¿Hasta cuándo?
¿Cuándo entrarán en rebeldía todas las mujeres?
De la clase política o de cualquier otra clase.
¿Cuándo se unirán todas las mujeres?
Ejerciendo la sororidad y parando toda esta gran bazofia.
Indignante es que sigamos permitiendo determinadas actitudes.
Repugnante es que se sigan perpetuando toda la parafernalia de esa clase social rancia pretendidamente intelectual.
Repulsivo todo lo masculino cuando lo único que intenta es destruir.
Escucha bien.
Las mujeres no tienen tetas para que tú te excites.
Las mujeres no tienen que mantener un peso corporal para complacerte.
Las mujeres no son malas madres porque tú lo digas, es más, decirlo te convierte a ti en una mala persona, que es mucho peor.
Las mujeres no te tienen que limpiar, cuidar, educar o servir.
Las mujeres no necesitan ser controladas.
Las mujeres son y están.
Y van a seguir siendo y estando.
Esto es solo el principio de todo.
Espérate.
Y verás.
Que todas esas mujeres que aman un día van a decidir amarse a sí mismas.
Y entonces.
Entonces todo empezará a ser como siempre tuvo que haber sido.

  Roy Galán



No hay comentarios: