Con la
visita de Obama a Cuba en el calendario, ya se desataron las apuestas
por un probable encuentro de los dos políticos, el casi a punto de salir
del escenario político y aun presidente Obama y el omnipresente y
eterno líder cubano Fidel Castro.
De hecho,
Obama solo piensa en la historia, y así su visita a Cuba será historia y
el encuentro con Fidel de hecho sería una visita a la historia misma.
Ya se especula que Obama lo haría con toda la familia, con pop corn y
pepsi obligados.
No tendría
otro sentido el encuentro para un Obama incapacitado, tanto para
entender las ideas humanitarias del líder cubano como para hacer
entender a su interlocutor sus ideas básicas sobre excepcionalismo y la
necesidad del crimen político.
Algo más:,
Obama nunca podría explicar al líder cubano su traición al pueblo negro
estadounidense, eso sería suficiente para no valer la pena escucharlo.
Fidel tiene
la ventaja de no tener que pensar en la historia y mucho menos aún en
el dinero, su única desventaja puede ser la memoria, los recuerdos.
Fidel
recordará riendo, que los diez presidentes anteriores a Obama intentaron
asesinarlo de cualquier forma y como, a pesar de eso, su lucha sigue.
Obligatorio
será el recordar con dolor al amigo Hugo Chávez que quizás fue
asesinado por órdenes del propio Obama, un mal recuerdo para ese
encuentro.
Recordará con pena la muerte inexplicable del amigo Néstor Kichner.
O recordará
a Gadafi, que, sin dudas, fue asesinado por órdenes de Obama, la
profanación de su cadáver y la fiesta mediática celebrada alrededor del
cuerpo que sería una vergüenza para cualquier espíritu humano
civilizado.
Fidel
pensará en los miles de muertos sin sentido en Ucrania, Afganistán,
Iraq, Libia, Siria, Yemen o los que están regados por todo África.
El encuentro en sí solo serviría para una foto para la historia.
Dos hombres
muy diferentes, uno que representa lo peor de un mundo que se hunde y
el otro la eterna esperanza de los seres humanos en un mundo mejor.
Liborio Guaso


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