Desde que el
ministro Wert eliminó Educación para la Ciudadanía, la formación en
igualdad depende de la voluntad de los colegios e institutos. Andalucía
es la única región con un plan de igualdad desarrollado en una normativa
de obligado cumplimiento para todos los centros educativos financiados
con fondos públicos
El 8 de marzo es una de esas fechas
marcadas en el calendario de (casi) todos los centros educativos de
España. Si te asomas a cualquiera de ellos, probablemente encuentres
actividades, debates, charlas o exposiciones que tienen como
protagonista la igualdad. Pero, ¿qué ocurre el resto de días del año?
¿Con el paso de la efeméride se aplaza el compromiso con la coeducación
hasta el año que viene?
Andalucía es la única comunidad autónoma que cuenta con un plan de igualdad
desarrollado en una normativa de obligado cumplimiento en todos sus
centros educativos, es decir, los financiados con fondos públicos.
Está
en vigor desde 2005 y prevé, por poner algunos ejemplos, la existencia
de una persona responsable de coeducación -la educación en igualdad- que
coordine al profesorado y proponga actividades en este ámbito o la
aportación de datos segregados por sexo para poder estudiar con
perspectiva de género cómo promocionan los alumnos y alumnas, las tasas
de abandono o la elección de itinerarios.
En febrero, se aprobó un segundo
plan cuyo objetivo es solventar algunos fallos del sistema y, sobre
todo, "afinar los indicadores de evaluación", explica Carolina Alonso,
técnica del servicio de Convivencia e Igualdad de la Junta de Andalucía.
Los resultados del primero fueron evaluados en detalle por el Consejo Escolar de Andalucía en 2012.
La región ha tomado la delantera si
la comparamos con otras, especialmente en términos de control y
valoración del impacto de sus planes en las aulas. Porque, si bien es
cierto que cuesta encontrar una comunidad autónoma que no trabaje por la
igualdad en sus colegios e institutos, la mayoría cuenta con
iniciativas, programas y proyectos cuya aplicación queda, en última
instancia, en manos de la dirección de los centros.
¿Y qué implica esto? Que los equipos
directivos que tienen interés en trabajar la coeducación y la igualdad
en las aulas disponen de pautas para hacerlo y, los que no, están
avalados para desentenderse de estos proyectos porque su aplicación,
aunque recomendable, no es prescriptiva.
"La distribución del espacio en los patios sigue siendo sexista: los niños suelen situarse en el espacio central y las niñas quedan arrinconadas", apunta un documento del País Vasco
En manos de la voluntad de las escuelas
Ocurre, por ejemplo, en Euskadi, una de las comunidades con un "plan director"
más avanzado y completo. Se aprobó en 2013 y su incorporación por parte
de los colegios e institutos no es obligatoria. "Proponemos una batería
de recomendaciones y propuestas a la que se acogen los centros en
función de su realidad. Más de 100 se han sumado en este tiempo. El
mensaje es que estamos para ayudarles y les animamos a hacerlo",
aseguran fuentes del departamento de Educación del Gobierno vasco.
En este modelo de escuela se presta
especial atención al uso de los espacios. "La distribución del espacio
en los patios sigue siendo sexista: los niños suelen situarse en el
espacio central y las niñas quedan arrinconadas", apunta el documento.
Para empezar a trabajar en serio en esta reorganización del universo del
recreo, el Gobierno vasco propuso un día sin balón. "Algunos medios nos
criticaron y tergiversaron la propuesta diciendo que queríamos prohibir
jugar a la pelota en la escuela", cuentan las mismas fuentes del área
de Educación.
A nivel nacional existen dos leyes en vigor que prevén la integración del principio de igualdad en el ámbito educativo: la Ley Orgánica 3/2007 para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres (capítulo II, artículos 23-25) y la Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género
(capítulo I, artículos 4-8). En esta última se introduce la obligación
de los centros de "asegurar que los Consejos Escolares impulsan medidas
que fomentan la igualdad real entre hombres y mujeres".
Hay (o debería haber) una persona
encargada de esta tarea en cada Consejo Escolar. "La mayoría no ha
desarrollado unas funciones concretas y no tengo claro si se cumple del
todo. La redacción legal es muy genérica y sin seguimiento es difícil de
evaluar", admite Carolina Alonso, asidua a las jornadas Intercambia
sobre materia de igualdad que reúnen anualmente a representantes de
todas las regiones.
"Algunos técnicos y técnicas se sorprendían de que
existiera esta figura, no tenían ni idea", comenta.
“La coeducación tiene que ser transversal y estar completamente integrada en el currículo”, explica la experta de la Junta de Andalucía Carolina Alonso
La coeducación es un trabajo sobre Marie Curie
Paula tiene 15 años y es alumna de
un instituto público de Madrid. Si le preguntas por la coeducación en su
clase, se queda pensando un rato. "En Física y Química hicimos un
trabajo sobre Marie Curie".
Luego cuenta que sí, que alguna vez han
hablado de feminismo en tutoría "porque lo propuso una compañera".
En su centro, asegura, el peso de
las iniciativas por la igualdad lo llevan las alumnas. "Los viernes
hacemos unas asambleas organizadas por unas chicas de segundo de
Bachillerato. El otro día hablamos del amor romántico y a veces hacemos
monográficos sobre alguna mujer importante olvidada por la historia
oficial". Ángela, de 13 años, también suele pasarse por las asambleas.
"Solo vamos chicas y está muy bien que nosotras hablemos de ello y
reflexionemos, pero ellos también tienen que poner de su parte. Nunca
vienen".
En algunos centros públicos, las alumnas han organizado talleres: "El otro día hablamos del amor romántico y a veces hacemos monográficos sobre alguna mujer importante olvidada por la historia oficial"
La elección de los libros de texto
es otro punto negro en el que, según las expertas, se ahonda poco. "Es
importante dar pautas a los Consejos Escolares para la selección de los
materiales educativos, la coeducación -insiste Carolina Alonso- tiene
que ser transversal y estar completamente integrada en el currículo".
Alonso analizó el libro de matemáticas de una conocida editorial y
comprobó que, en la lección de los porcentajes, los problemas que tenían
como protagonistas a chicas hablaban de compras y los que llevaban
nombres masculinos de oposiciones para ser astronauta.
Fernando J. López sabe un poco de
esto. Es profesor de literatura y ha hecho sus pinitos como coordinador
de libros de texto. Este año está de excedencia, pero lleva unos cuantos
peleándose para incorporar la igualdad a la dictadura del currículo.
"Los docentes tenemos que hacer malabares para trabajarla sin descuidar
los contenidos curriculares", se queja, aunque se dice con suerte porque
en su centro "sí hay implicación". "Es una lotería, depende de dónde te
toque", apostilla.
Más LOMCE y menos fondos
"Parece que solo se trabaja esto
cuando hay hueco, cuando los contenidos te dan un respiro", añade al
respecto Jesús Salido, presidente de la Confederación Española de
Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA). La alianza de AMPAS
produjo materiales educativos dirigidos a las familias y financiados
hasta 2012 con una subvención del Ministerio de Sanidad, Servicios
Sociales e Igualdad a través de un convenio con el Instituto de la
Mujer. "Desde entonces, estamos en stand by. El 60% del presupuesto lo
cubríamos con nuestros fondos y el 40% lo ponía la administración. Ahora
hemos retomado las conversaciones, a ver qué pasa", dice Nuria Buscató,
responsable de formación de CEAPA.
"Los docentes tenemos que hacer malabares para trabajarla sin descuidar los contenidos curriculares", se queja un profesor. "Es una lotería, depende de dónde te toque", apostilla.
Las dificultades para lograr una
coeducación real no solo tienen que ver con la financiación. La
eliminación de Educación para la Ciudadanía por su "alta carga
ideológica", según el argumentario del PP, y el blindaje a centros
segregadores por sexo "han hecho mucho daño al trabajo por la igualdad
en la escuela", denuncia Carolina Alonso. Ambas medidas están incluidas
en la LOMCE, la actual ley educativa aprobada en 2013 por la mayoría absoluta del PP.
La desigualdad de género o la
diversidad afectivo-sexual eran algunos de los contenidos que se
trabajaban en la extinta asignatura. El dictamen del Consejo de Estado
sobre la ley ya advirtió en su momento de que la materia no podía
eliminarse del currículo básico porque iba en la línea de los contenidos
que marcaba Europa. El ministerio dirigido por José Ignacio Wert desoyó
la recomendación y justificó que esos contenidos iban a ser
"transversales" en todas las asignaturas.
Hostigado por las críticas, el
Gobierno planteó después incluir algunos de los asuntos borrados del
currículo en Valores Éticos,
la alternativa evaluable a la Religión. Un intento apresurado y marcado
por la presión social de reintroducir la educación en igualdad que
ellos mismos sacaron de la escuela.
Eso sí, solo para los ateos.

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