Así como en el resto del mundo,
nuevos vientos soplan en la política de los Estados Unidos. Ante una
crisis social que avanza implacable, con su secuela de desempleo, bajos
salarios y sin perspectivas de mejora en el horizonte, el descrédito y
el rechazo a los partidos tradicionales tiene una nueva expresión. El
veterano socialista de 74 años Bernie Sanders acumula victorias en las
elecciones primarias en el Partido Demócrata, disputando cabeza a cabeza
con Hillary Clinton hacia la elección presidencial de noviembre de este
año.
Recogiendo las reivindicaciones del
movimiento “Ocupa Wall Street”, Sanders promete impuestos a los ricos,
elevar el salario a 15 dólares la hora, garantizar universidades y salud
públicas gratuitas, entre otros aspectos democráticos, como la lucha
contra el racismo, a favor de la comunidad LGBT y contra las
intervenciones militares yanquis. En suma, se formó un movimiento
esencialmente joven muy progresivo que dejó de temer a la palabra
“socialismo”, que se está popularizando y está entrando en una franja,
aunque aún minoritaria de trabajadores.
También su crecimiento expresa la
desilusión con Obama (quien años atrás despertó las mismas o mayores
expectativas que Sanders), ya que después de dos mandatos se profundizó
la brecha social, el pozo que separa a los multimillonarios de una
población trabajadora y de clase media cada vez más empobrecida.
En New Hampshire, Sanders obtuvo 85% de
los votos de los menores de 30 años y el 65% de los trabajadores que
reciben menos de 50 mil dólares al año. Por su parte, Hillary es
favorita entre los votantes de más edad y con ingresos bien mayores.
Si por un lado tenemos a Sanders
amenazando el favoritismo de Hillary, por el lado republicano crece la
figura del multimillonario Donald Trump, racista y xenófobo, que hace
campaña prometiendo expulsar a todos los musulmanes del país, entre
otras perlas.
Por el lado de la clase trabajadora, la
mayoría de los sindicatos y la poderosa AFL-CIO, tradicionales aliados
de los demócratas, apoyan a Hillary, aunque sectores que han luchado,
como enfermeras, trabajadores del correo y de la comunicación, así como
miles de trabajadores descontentos, apoyan a Sanders.
Al mismo tiempo, la crisis económica y
social explica que sectores de más de 40 años, blancos de clase media y
trabajadores, asustados frente a la presencia de la población negra,
latina, asiática, etcétera que disputa los pocos y mal pagos puestos de
trabajo, están apoyando activamente al magnate Donald Trump.
¿Quién es Bernie Sanders?
Independiente hasta 2015, el actual
senador por el estado de Vermont, Sanders, se vinculó siendo joven al
socialismo y siempre tuvo ideas progresistas, reivindicando un
socialismo “nórdico” o reformista.
Fundó y organizó agrupamientos diversos,
enfrentando a demócratas y republicanos. En Vermont, ganó la
intendencia de Burlington, siendo reelegido cuatro veces; en 1990 fue
electo diputado, cargo que ejerció durante 16 años, hasta ser electo
senador en 2006, ocasión en que fue oficialmente apoyado por el Partido
Demócrata. El ex gobernador de Vermont, el demócrata Dean, declaró que
Sanders “era un aliado que vota con los demócratas el 98% del tiempo”
(incluso ha avalado el apoyo a Israel de los demócratas), y contó
también con el apoyo del entonces senador Obama. Fue reelecto para el
Senado en 2012 y en 2015 decidió disputar la candidatura presidencial
del partido de Hillary y Obama.
En julio de 1986, en una conferencia en
Berkeley de socialistas y activistas, Sanders dio este mensaje: “Se
discute si los socialistas debemos o no trabajar dentro del Partido
Demócrata para imponer nuestras ideas. Pero el Partido Demócrata no es
el partido de los socialistas, sino de sus enemigos, los políticos
burgueses […] no es el partido de los trabajadores, de su clase, de los
socialistas, pues defiende a la clase que oprime a los trabajadores […]
Si nosotros hemos demostrado que podemos vencer elecciones contra los
demócratas, participando en ese partido, ¿no estaremos postergando por
tiempo indeterminado nuestro propio nacimiento como fuerza política? ¿No
sería el peor crimen contra nuestras propias ideas?” (Correo
Internacional, octubre de 1986).
Desgraciadamente, 30 años después,
Sanders cambió de idea. En vez de fortalecer la lucha por la creación de
un partido socialista independiente, que incluso siendo reformista
sería un paso extraordinario en la medida que disputaría con el
tradicional bipartidismo, decidió reforzarlo. Ese bipartidismo entre los
dos grandes partidos de los monopolios y del gran capital del principal
país imperialista del mundo, es un chaleco de fuerza que impide la
independencia política de clase de los trabajadores.
Por eso, citando al analista político
argentino Marcelo Cantelmi, podemos decir que “Sanders sería una
expresión de las angustias sociales, pero no significa que las
represente”. Porque él no solo comprometió su voto a Hillary en caso que
ella gane la primaria, sino que su programa será irrealizable en este
período de crisis del capital, a no ser que el pueblo se movilice y de
forma revolucionaria lo imponga, lo que no está en los planes de
Sanders.
Por eso es equivocado confundir lo
progresivo del movimiento de millones de jóvenes y franjas de
trabajadores que reivindican el socialismo (aunque sea en una versión
socialdemócrata) como las figuras o partidos que ocasionalmente estén al
frente.
Sanders está lejos de ser un “outsider”;
es un experimentado político que sabe que tradicionalmente el Partido
Demócrata toleró o dejó correr diversas alas y sectores más o menos
progresistas, mientras que, al mismo tiempo, su ubicación también
posibilita mantener en los marcos del bipartidismo, en este caso junto a
los demócratas, el voto de millones de jóvenes.
Al contrario de Syriza, que nació como
un nuevo partido anticapitalista independiente de los partidos
tradicionales, expresando una fuertísima lucha y decenas de huelgas
generales, para que posteriormente Tsipras se entregase en manos de la
Troika, el Partido Demócrata es uno de los dos partidos de la burguesía
del principal país imperialista del mundo.
Por eso, nuestro llamado es para que
Sanders retome el camino de su discurso de 1986 y se ponga a la cabeza
de un real movimiento independiente de izquierda, lo que sería una
palanca formidable para el avance de la clase trabajadora y de la
juventud hacia producir un cambio en el corazón del imperio.
De no ser
así, el apoyo al precandidato demócrata terminará reforzando el
bipartidismo imperialista.
Silvia Santos
CST/PSOL de Brasil (UIT-CI)

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