martes, 18 de octubre de 2016

LA DERROTA DE LA OTAN EN SIRIA PODRÍA DESATAR UNA GUERRA NUCLEAR MUNDIAL


Fotografía publicada por el diario sensacionalista británico Daily Star el 14 de octubre de 2016. En la noticia se advierte de un posible ataque nuclear de Rusia contra Estados Unidos, amenaza que habría llevado a EE.UU.  a aumentar su nivel de alerta nuclear. La incansable propaganda mediática contra Rusia busca preparar a las sociedades occidentales para aceptar la guerra y para identificar al enemigo.
 
La evidente derrota en Siria de los terroristas takfirís patrocinados por la OTAN y las dictaduras del Golfo, nos puede conducir desgraciadamente a una guerra mundial encabezada por los dos bloques capitalistas que desde hace tiempo libran una batalla política, económica, financiera y militar por liderar el llamado Nuevo Orden Mundial en las próximas décadas: por un lado el viejo bloque EE.UU-OTAN, que impone su modelo de "globalización" al resto de países a golpe de chantaje económico y por la fuerza para apoderarse de sus recursos y vaciar de soberanía a los Estados. 
 
 
Y por otro, el eje Rusia-China (al que se unen potencias regionales como Irán, o incluso dos potencias nucleares como India y Pakistán que forman parte de la Organización para la Cooperación de Shangai [1]) cuyo modelo de cooperación y de comercio entre países se basa en el interés mutuo, en el respeto por la soberanía de los Estados, en la no injerencia en los asuntos internos de otros países, y en el respeto por el Derecho Internacional que EE.UU. pisotea a diario.
 
 
 
El imparable declive de la hegemonía global de EE.UU., vigente desde hace más de 50 años con el dólar como moneda predominante, incrementa la necesidad por parte de la élites de EE.UU. de iniciar una guerra internacional para intentar frenar a sus potencias rivales, siguiendo la Doctrina Wolfowitz 
 
 
[2]. Una guerra que con la actual tecnología de la que se dispone será una Guerra Nuclear cuyas consecuencias serían catastróficas. Sobretodo para Europa, donde EE.UU. alberga unas 180 bombas atómicas sin que a ningún Parlamento ni medio de comunicación parezca preocuparle. 
 
 
Los ciudadanos europeos ni siquiera lo saben, a pesar de que están en el centro de una posible guerra mundial. ¿Quién nos puede garantizar, conociendo los antecedentes, que un conflicto internacional de este tipo no va a producirse en un futuro próximo?
 
 
Según los estimados de la Federación de Científicos estadounidense (FAS, siglas en inglés), Estados Unidos tiene actualmente 70 bombas atómicas B61 en Italia (50 en la base de Aviano y otras 20 en la de Ghedi Torre), 50 más en Turquía y otras 60 en Alemania, en Bélgica y en los Países Bajos (20 en cada uno de esos Estados), lo cual haría un total de 180 bombas atómicas estadounidenses desplegadas en Europa. (...) En resumen, las nuevas bombas atómicas que Estados Unidos se dispone a desplegar en Italia y en otros Estados de Europa –en el marco de su escalada contra Rusia– son nuevas armas que hacen más probable el inicio de un ataque nuclear. (...) Con las nuevas bombas nucleares estadounidenses B61-12 desplegadas en territorio italiano, más los F-35 y el MUOS, lo que sí es seguro es que el país atacado tendrá a Italia como blanco prioritario de las represalias nucleares. [3]
 
Después de aplicar sanciones económicas y financieras contra Rusia, de imponer sus "cambios de régimen" contra gobiernos no alineados con Washington bajo el eufemismo de "primaveras árabes" o "revoluciones de colores", de rodear a Rusia y China con sus bases militares, de manipular la "crisis de los refugiados" para alejar a Europa de Rusia (de Eurasia), de utilizar y manejar al "terrorismo yihadista" a su favor, de financiar a la oposición y a los medios de comunicación para atacar a Putin y oponerse a la soberanía de Rusia, y de aplicar múltiples artimañas legales e ilegales a todos los niveles, EE.UU. ve con impotencia cómo todo su esfuerzo es inútil para frenar el crecimiento e influencia político-económica de Rusia-China en el tablero geoestratégico mundial. 
 
 
 
Fue este miedo por parte del poder económico y político estadounidense ante la nueva unión de Rusia y China, lo que les llevó a iniciar la invasión de Afganistán en el año 2003. El derribo de las Torres Gemelas y la captura de Osama Ben Laden fueron sólo la excusa perfecta para que la "comunidad internacional" aceptara su guerra imperialista, que continuó después hacia Irak, Libia y Siria. En el año 2001, según un documento del propio Pentágono llamado Quadriennal Defense Review, EE.UU. ya había planeado la invasión de Afganistán ante el temor de que la cooperación entre Moscú y Pekín les hiciera fracasar en su intento de dominar Eurasia [4], "el pivote del Mundo" según teorizó el británico Mackinder [5]. Desde la invasión de Afganistán hasta las "primaveras árabes" de hoy en día se esconde la intención de EE.UU. de frenar el surgimiento del bloque multinacional y multipolar liderado por Rusia-China que trata de relegar a EE.UU. a un segundo plano y arrebatarle su hegemonía global.
 
 
Incluso un acontecimiento ocurrido en Europa como fue el Brexit, presentado por la prensa occidental como una "victoria del pueblo frente a la austeridad europea" y aparentemente alejado del juego geopolítico entre potencias, supuso un duro golpe para Washington, ya que detrás de esa decisión está la intención de la City de Londres de que Reino Unido se convierta en el "caballo de Troya" chino para la entrada del yuan en Europa en detrimento del dólar, y un acercamiento de Londres al eje Moscú-Pekín [6]. Washington, asfixiado por su propio modelo económico insostenible y en crisis permanente, ya no es capaz de imponer de forma unilateral sus dictados al resto del mundo. 
 
 
 
En Siria se está demostrando de forma nítida esta realidad que tratan de ocultar los medios corporativos occidentales utilizando grandes dosis de manipulación informativa. Su estrategia de utilizar a sus escuadrones de la muerte de Al Qaeda (en sus diferentes y "renovadas" versiones) para derrocar al legítimo gobierno de Al Assad ha fracasado debido principalmente a la oposición de Rusia (algo que Rusia ya debería haber hecho anteriormente cuando la OTAN invadió en 2011 Libia y asesinaron extrajudicialmente a Gadafi ante los ojos de todo el mundo). 
 
 
Ante esa derrota sobre el terreno, EE.UU. y sus aliados en la región (Turquía, Israel y Arabia Saudí principalmente) están intentando de nuevo inundar a Siria de terroristas llegados desde Irak, una vez que han dado por perdida su batalla en Alepo, pese a la enorme propaganda de guerra desplegada en los últimos meses. La ONU está evacuando en autobuses a los terroristas del este de Alepo [7]. No los trasladan ante los tribunales internacionales por cometer crímenes de guerra, crímenes que se siguen ejecutando actualmente por parte de los "rebeldes moderados" atrincherados en Alepo (ver vídeo). No. Los rescatan para volver a enviarlos a Siria bajo las órdenes de EE.UU.-OTAN. 
 
 
 
De hecho, la operación para "liberar Mosul" iniciada el pasado sábado 15 de octubre consiste precisamente en desplazar a más de 9.000 yihadistas del Estado Islámico desde Mosul hacia las regiones de Al Raqa, Ibdil y Deir Ezzor en Siria. Incluso algunos analistas afirman que el bombardeo del pasado 17 de septiembre sobre las tropas del ejército sirio ejecutado con total impunidad por EE.UU. en Deir Ezzor, trataba de despejar el camino para la llegada ahora de los terroristas procedentes de Mosul. 
 
 
Esta "liberación de Mosul" es idéntica a la "liberación" de Yaralablus por parte del ejército de Turquía [8] a principios de septiembre, cuando el Estado Islámico cedió su sitio a Turquía sin que se produjera ni un sólo disparo, lo cual demuestra que la OTAN y sus aliados dirigen y apoyan a los grupos terroristas que dicen cínicamente combatir y los mueven según sus intereses estratégicos [9]. Si Rusia continúa apoyando a Bashar al-Assad y elimina a esta nueva remesa de terroristas, a EE.UU. no le quedará otra opción que entrar en una guerra directa contra las tropas rusas en Siria para evitarlo. O eso, o renunciar al "cambio de régimen" en Siria, algo poco probable puesto que sería reconocer su derrota frente a Putin y confirmaría la pérdida de influencia de EE.UU. en Oriente Medio. 
 
 
 
A pesar de que sea una auténtica locura iniciar una guerra contra Rusia en Siria, ¿alguien puede poner la mano en el fuego por EE.UU.? No se trata de una "teoría de la conspiración", sino de una realidad que se está barajando desde las élites occidentales. Sin ir más lejos el Instituto de Asuntos Internacionales y de Seguridad de Alemania (SWP, por sus siglas en alemán), un think tank cercano al gobierno de Ángela Merkel así como a la Comisión Europa y la OTAN y a grandes corporaciones que lo financian (como British Petroleum, por ejemplo), alerta en un documento fechado el 17 de septiembre de 2016 de la posibilidad real de llegar a una guerra nuclear entre EE.UU. y Rusia que implicaría necesariamente a toda Europa, y señala las directrices que debería seguir la Unión Europea en este asunto tan delicado. Si existiera la "libertad de prensa" en Europa, y si los periodistas respetasen el "derecho a la información" y los medios de comunicación cumplieran realmente con su labor de informar a los ciudadanos y de fiscalizar a los gobiernos, este documento debería estar en la portada de toda la prensa occidental y en la agenda política de todos los gobiernos y partidos de la oposición.
 
 
El documento en cuestión está fechado en septiembre de 2016, tiene 28 páginas, se titula "La política estadounidense hacia Rusia y Europa. Reglas de seguridad" y dice abiertamente que "la política de EEUU hacia Rusia se centra, principalmente, en la preparación de una guerra nuclear, lo que implicaría una gran parte de Europa" (sic). Se dice, también, que en los "principales círculos" del poder militar y político se está debatiendo actualmente esta política, "porque el peligro de guerra nuclear no es un riesgo abstracto, hipotético" dado que "la primera y más importante característica estructural de las relaciones ruso-estadounidenses es la capacidad mutua de aniquilación nuclear". (...) "este riesgo aumenta aún más por la forma en la que EEUU y sus aliados de la OTAN están escalando el conflicto con Rusia en Europa del Este y Siria, y por la planificación avanzada de una guerra nuclear". (...) "una Rusia revitalizada, desde la perspectiva de los planificadores militares del Pentágono, es considerada el enemigo potencial en un momento de grandes conflictos de poder" [10]
 
 
Esta posibilidad de una futura guerra internacional con epicentro en Siria, se declare como tal o no, se inicie más tarde o más temprano, ya tiene un culpable desde mucho antes de iniciarse: "la Rusia de Putin". Desde que Vladimir Putin llegara al poder y decidiera aplicar una agenda política soberana dirigida a defender los intereses de Rusia en el mundo por la vía de la diplomacia y el respeto mutuo, su imagen se convirtió en el centro de los ataques políticos y mediáticos desde Occidente. Este ataque personal y esta confrontación entre potencias se incrementó de forma notable tras el golpe de Estado neonazi ejecutado en Ucrania en 2014 organizado y apoyado por EE.UU. y la Unión Europea, tras la legítima decisión del presidente Yanukovich de firmar varios acuerdos económicos y financieros con Rusia que eran mucho más ventajosos para Ucrania que los ofrecidos por la Unión Europea (privatizaciones, recortes sociales y del gasto público, deuda impagable, etc.). 
 
 
A raíz de ese golpe de Estado de corte neonazi ("Euromaidán"), Crimea decidió pacífica y democráticamente unirse de nuevo a la Federación de Rusia a la que históricamente había pertenecido, huyendo de la represión contra la población ruso-parlante y del "paquetazo neoliberal" que impuso el régimen ucraniano y sus batallones neonazis. 
 
 
Aún así, estos hechos siguen siendo presentados hoy en día por los medios occidentales como "una invasión rusa de Ucrania" que se "apropió de Crimea por la fuerza". Putin es el culpable de los males de la humanidad, incluida la pérdida de la hegemonía mundial de EE.UU. En el colmo del cinismo y de la hipocresía, el vicepresidente Joe Biden acusó sin pruebas a Vladimir Putin de interferir en las elecciones estadounidenses (lo hizo durante una entrevista para NBC News), cuando está más que demostrado que EE.UU. financia a cientos de grupos opositores en Europa, Latinoamérica, Oriente Medio, África y en todos aquellos países del mundo a cuyos gobiernos pretende eliminar.
 
 
 En marzo de 2014 Hillary Clinton llegó a comparar a Vladimir Putin con Adolf Hitler. Si finalmente Clinton, que cuenta con el apoyo financiero de Wall Street, Israel y Arabia Saudí [11], llega a ser presidenta de EE.UU. una nueva Guerra Mundial está garantizada.
 
 
 
 
 

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