sábado, 9 de julio de 2022

Una maleta perdida de Iberia permite saber cómo vestían los españoles en 1991


Una maleta perdida de Iberia permite saber cómo vestían los españoles en 1991  

HAN HALLADO CHAQUETAS CON HOMBRERAS Y UN CHÁNDAL DOS TALLAS MÁS GRANDE

 A nueve metros de altura sobre el nivel del mar, a las afueras de Sídney, se erige el Aeropuerto Internacional Kingsford Smith.

 Allí, donde llegan y salen los vuelos internacionales, en la Terminal 1, un equipo de investigadores ha hallado una maleta perdida de Iberia gracias a la cual los expertos podrán saber cómo vestían los españoles en 1991.  

Según han informado los investigadores, los restos de la maleta estaban colocados en posición fetal, con el mango estirado. 

En su interior se han hallado utensilios para la higiene y joyas. 

“Lo que más nos sorprendió fue ver que había botes llenos de líquido, tijeras y otros objetos punzantes, eso nos hizo entender que no estábamos ante un hallazgo de nuestro tiempo”, revelan los trabajadores del aeropuerto. 

 Tras los primeros análisis de la maleta, los arqueólogos han determinado que los españoles vestían de “forma hortera” en la época de los noventa.

 “Aunque los pantalones son exactamente iguales que los de ahora, hemos hallado diversas chaquetas con hombreras, una camiseta de un tal Fido Dido al que se supone que se veneraba entonces y un chándal dos tallas más grande de lo que tocaba”, informan.

 «Una sudadera de Barcelona 92 podría indicar que en esa ciudad se iba a celebrar un evento importante justo un año después», añaden. 

 Las pruebas del Carbono 14 han indicado que la maleta con la cinta de Iberia salió en 1991 del aeropuerto de Madrid y estuvo embarcada en una travesía durante los últimos 28 años, quizás para encontrar una zona con más alimento y mejor clima. 

“Está claro que los seres humanos de hace tres décadas recorrían mucho más mundo que los de ahora”, se sorprenden los científicos. 

 El Museo Arqueológico Nacional ya ha mostrado interés en hacerse con los restos de equipaje.

 El problema es que, para enviárselos, tendrán que facturarlos y eso podría hacer que tardasen otros 28 años en llegar.

 «Vamos a intentarlo, aunque sea para que puedan disfrutar de la pieza las generaciones futuras», sentencian desde la institución.






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