Continúa la siesta colectiva de todos los
veranos, especialmente en agosto. Los medios de desinformación masiva siguen
enredando y entreteniendo a las masas con asuntos como el de Gibraltar (el
pasado agosto de 2012 lo hicieron con Sánchez Gordillo y los carros de comida de
Mercadona) y a partir de esta semana con la ayuda del sagrado fútbol (pan y
circo). Cuando acabe el verano volveremos a la "normalidad" política,
mediática y social de siempre. Para septiembre se anuncian grandes
movilizaciones en contra del gobierno (como las organizadas por el Sindicato
Andaluz de Trabajadores o Izquierda
Unida); el otoño vendrá caliente cuando el gobierno neoliberal de
Rajoy anuncie nuevos recortes y la tasa de desempleo aumente tras la ficticia
mejoría estival. Pero mucho me temo, y ese es el problema, que el debate
político, mediático y social seguirá instalado en el mismo lugar, limitándose a
una mera discusión de siglas, a una discusión bipartidista por ver cual es menos
corrupto y menos responsable de "la crisis", que es la crisis del régimen del
78; y con una izquierda parlamentaria dividida, cobarde en su discurso y en sus
propuestas, y carente de referentes con carisma, credibilidad y valentía que
ilusionen a las clases populares. Los árboles, y quien dice árboles dice grandes
medios de comunicación, seguirán impidiendo que veamos el bosque.
Hay que elevar el debate, ampliar el prisma que
nos permita ver que el problema no es de siglas ni de nombres propios, ni es un
problema de mala gestión que se resolverá cuando cambiemos de gobierno. El
problema es el sistema socioeconómico y político en el que estamos instalados
nacional e internacionalmente. La clase obrera y trabajadora, las clases
populares, jamás saldremos de la miseria y la explotación si seguimos dentro del
sistema capitalista imperante en España, en Europa y en el mundo. Dentro de un
sistema en el que tan solo 20
corporaciones controlan toda la economía mundial, dentro de este
modelo de libre mercado, de desregulaciones y privatizaciones, bajo las reglas
establecidas por el gran capital en el Consenso
de Washington no existe solución para las clases populares.
Gobierne el partido político que gobierne, dentro de este sistema la crisis para
nosotros será permanente, aunque aumente el PIB y mejoren los datos
macroeconómicos, puesto que lo harán gracias a la explotación y el
empobrecimiento de las clases trabajadoras y la privatización de los servicios
públicos del Estado. Mientras la mayoría social no sea capaz de comprender esto,
mientras la totalidad de eso que llamamos "la izquierda" no sea capaz de hacer
entender esto a las clases trabajadoras, no saldremos del pozo y del bucle
bipartidista en el que estamos metidos.
Las reglas que impone el sistema son claras e
inamovibles: las grandes empresas trasladan su producción a otros países donde
la mano de obra es más barata y las regulaciones en materia laboral y fiscal son
más permisivas (a esto lo llaman "globalización"); los trabajadores tenemos que
competir en precariedad y pobreza con nuestros hermanos de clase de
otros países más "pobres" si queremos trabajar o conservar el puesto de
trabajo (a esto lo llaman "competitividad"); el pequeño comercio y las pequeñas
y medianas empresas - que crean el 90% del empleo en España - se hunden por
culpa de la pérdida de poder adquisitivo de las clases populares (reducción de
salarios, pensiones, prestaciones, servicios públicos, etc.) que son quienes
consumen esos bienes y servicios que ofrecen (a esto lo llaman "devaluación
doméstica" o interna); los jóvenes más cualificados se van del país en busca de
mejor fortuna, en muchos casos para ser explotados en otros países capitalistas
(esto es "movilidad exterior"), y los demás se quedan para en muchos
casos sustituir en peores condiciones laborales a sus padres, a los que expulsan
del "mercado laboral" y envían directamente a los comedores sociales.
Ni la
agricultura y la ganadería, que fuera de este este modelo de libre comercio y
globalización podrían generar en España cientos de miles de puestos de trabajo
directos, ni el sector naval, ni el pesquero, ni el minero, ni el
metalúrgico,... ni el sector socio-sanitario, ni el sector medioambiental, ni el
sector de la investigación, el desarrollo o la innovación, ni el sector
cultural, ni mucho menos el público,... ni, en definitiva, nuestro tejido
productivo y nuestra industria, tienen el más mínimo futuro dentro de esto
modelo de libre mercado capitalista. ¿En qué van a trabajar los 6
millones y medio de parados que se esperan para 2014?
La entrada en la Unión Europea y más tarde en
el Euro fueron ya un mazazo cuyas consecuencias todavía estamos sufriendo. Pero
en el mundo capitalista cualquier situación es susceptible de empeorar para la
clase trabajadora, así que ya se está negociando el Tratado de Libre
Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea (asunto éste sobre el
que hay un silencio mediático extraordinario) y que significará la puntilla
definitiva para el pequeño comercio y lo poco que queda de nuestra industria, y
acabará de destruir nuestro modelo social para equipararlo al modelo "social"
estadounidense; sólo beneficiará al sector financiero y a las grandes
multinacionales y empresas exportadoras. Sólo un dato que deja claro a quién
beneficia este Tratado y todos los demás: 2.532 lobbies ya están movilizados en
Bruselas redactando el Tratado de Libre Comercio EE.UU.-UE.
Cuando llegue septiembre saldremos de nuevo a
la calle. La lucha es imprescindible, pero tanto o más importante es
saber contra qué protestamos y qué modelo alternativo es el que queremos
construir. Salir a la calle a protestar contra este corrupto gobierno del
Partido Popular o pedir la dimisión de Rajoy no servirá para nada -
aunque tenemos la obligación de hacerlo - salvo que se haga como paso previo
para reivindicar y exigir nuestra ruptura total como país y como sociedad con
este modelo económico y social tan perverso y criminal que es el sistema
capitalista. Todas las medidas que las clases populares reclamamos en la calle,
tanto en materia económica, como política o democrática, no tienen cabida dentro
de este sistema porque son contrarias a la propia lógica del sistema y a los
intereses de las clases dominantes que imponen las políticas que se tienen que
aplicar, por muchas vueltas que le demos y muchos milagros que esperemos.
Las
políticas que a nosotros (la mayoría) nos benefician perjudican a quienes
dirigen nuestras economías (la minoría); ¿qué nos hace pensar
entonces que dentro de su modelo se van a aplicar nuestras políticas?
Es la ruptura con este sistema (y con el régimen monárquico y plutocrático del
78) lo que se hay que plantear, lo que hay que debatir, lo que hay que reclamar.
Sólo desde un modelo Socialista adaptado a nuestros tiempos, a nuestros
problemas concretos y nuestras especificidades como país (como el llamado
Socialismo del siglo XXI que se está impulsando en Suramérica)
podremos mirar al futuro con un poco de esperanza. ¿Son conscientes de esto los
trabajadores y todas las víctimas del neoliberalismo?


No hay comentarios:
Publicar un comentario