Ya es oficial el segundo pacto PP-PSOE; el primero fue en agosto de 2011 cuando ambos partidos cambiaron con extrema urgencia, sin debate previo, sin consultar a los ciudadanos, el artículo 135 de la Constitución . Desde entonces la prioridad absoluta del Estado es pagar los intereses de la deuda a los "mercados", aún en el caso de que la población se esté muriendo de hambre. En este caso el pacto bipartidista se justifica en la necesidad de llevar una posición común ante el decisivo Consejo Europeo de finales de mes. La verdad es que a este pacto se le puede criticar por muchas razones, pero no por incoherente. Es lógico que ambos partidos se pongan de acuerdo, porque su sumisión ante el poder financiero que domina las instituciones europeas es idéntica.
Su visión neoliberal de la economía también. El sistema capitalista es el sistema que ambos partidos defienden. El libre mercado es su religión. El "equilibrio presupuestario", la "competitividad", el "crecimiento", el "déficit público", la "deuda pública"... son sus dogmas. Los dos partidos imponen las "políticas de austeridad", la única discrepancia que demuestran está en los plazos o la intensidad con que se ejecutan. Tanto PSOE como PP defendieron, impulsaron, y colaboraron en la construcción de esta antidemocrática Unión Europea de los mercaderes. Ambos aceptaron en su momento y suscriben hoy en día el Tratado de Maastrich y el resto de Tratados neoliberales. Ambos impulsaron nuestra entrada en el Euro y aceptaron su gobernanza tal y como la conocemos y sufrimos ahora, y defienden, por supuesto, nuestra permanencia en él. Cedieron la soberanía monetaria y en parte económica al poder financiero y a unas instituciones que funcionan al margen de cualquier control democrático. ¿Cómo no van a llevar una "posición común" al Consejo Europeo si ambos defienden lo mismo? Esta es su Europa, este es su modelo, son sus políticas.
Pero además de defender este sistema en el que los Estados están sometidos a la dictadura del capital y la palabra "democracia" se convierten en pura retórica, con este pacto ambos partidos tratan de salvar su hegemonía parlamentaria y por extensión la continuidad del Régimen del 78. Conscientes de su gran deterioro, PP y PSOE pretenden que desde Europa, y siempre con el permiso de Merkel y la Banca alemana, se adopten medidas que traten de suavizar los efectos devastadores que ellos mismos con su sistema capitalista y sus políticas neoliberales ocasionan. No se trata de una rectificación o una marcha atrás, sino de combinar las políticas neoliberales llamadas de "austeridad" con algunas medidas que hagan pensar a la población que las cosas están cambiando y volverán a ser como antes de la crisis (el acuerdo PP-PSOE habla de un plan europeo de empleo juvenil, una línea de crédito para Pymes del Banco Europeo de Inversiones (BEI) o medidas de crecimiento e inversiones europeas con cargo a los fondos comunitarios).
Con ello pretenden desactivar las movilizaciones sociales, el crecimiento de la izquierda y frenar el hundimiento del bipartidismo. En definitiva, pactan para salvar sus privilegios y los de las clases dominantes a las que siempre han defendido. Los grandes medios de comunicación, pilar fundamental del sistema, celebran este pacto que el Rey ya exigió a ambos partidos desde que ve peligrar su Régimen plutocrático heredado de la dictadura franquista. Habrá más acuerdos y pactos de Estado. Las clases dirigentes se mueven; tienen que defender sus privilegios y los intereses del capital.
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