Zarzalejos escribe en su columna: "Bárcenas era un elefante en la habitación. Todos teníamos la certeza moral de su catadura delincuente; todos habíamos leído cómo Correa decía haberle entregado mil millones y saber cómo los sacaba de España; todos estábamos al cabo de la calle de que su fortuna era de origen y desarrollo fraudulentos y todos sabíamos que era un soberano escándalo que deambulase por Madrid y por España entera con unas medidas cautelares mínimas".
La teoría de Lakoff está relacionada, por casualidad, con la expresión de lengua inglesa que establece lo que en español es un idiotismo metafórico y que se formula así: The elephant in the room (el elefante en la habitación). Cuando los ciudadanos de lengua inglesa utilizan esa metáfora –es decir, usan una palabra o frase que establece un símil- se refieren a una verdad o un problema que son evidentes, que están ahí, pero que individual o colectivamente, se ignoran. Fue Francisco González el pasado 24 de mayo el que le dijo al juez Andreu en la Audiencia Nacional que “Bankia era un elefante en una habitación”. El presidente del BBVA -no es seguro que se estuviese refiriendo tanto a Bankia como a Rodrigo Rato- trataba de explicar que la entidad era un problema que sistemáticamente se había ignorado desde hacía años y todos los estamentos -el de las Cajas, el de la supervisión, el político- cantaban bajo la lluvia mientras Bankia se venía abajo.
Luis Bárcenas –popularmente conocido como Luis el cabrón- era un elefante en la habitación. Todos teníamos la certeza moral de su catadura delincuente; todos habíamos leído cómo Francisco Correa decía haberle entregado mil millones y saber cómo los sacaba de España; todos estábamos al cabo de la calle de que su fortuna -47 millones de euros- era de origen y desarrollo fraudulentos y todos sabíamos que era un soberano escándalo que deambulase por Madrid y por España entera con unas medidas cautelares mínimas. Era, precisamente, el elefante en la habitación pero en su versión inglesa: la clase política, el PP, hasta la Fiscalía, simulaban no verle; el presidente del Gobierno no le mencionaba como conjurándole para que desapareciese; y sus sueldos “en diferido” y “como simulación” percibidos en la sede popular de Génova hasta enero de este año, eran ecos más que voces, poco inteligibles.
Ha tenido que ser una estafa procesal en grado de tentativa y una falsedad en documento mercantil con la aparición de un monto patrimonial exorbitante el que ha reparado determinadas cegueras. El juez Ruz sí vio al elefante en la habitación y lo ha trasladado a la cárcel de manera incondicional. Cuando esto escribo, el paquidermo, sin embargo, no existe para el presidente del Ejecutivo, aunque Bárcenas fuese miembro de su ejecutiva en el Congreso de 2008.
Ayer todos los periódicos de información general de Madrid y Barcelona abrían sus ediciones con Bárcenas y su encarcelamiento y con comentario editorial. Todos, menos uno que, significativamente, optaba por realzar el opio del pueblo (el futbol). Una decisión editorial que responde, sin duda, a ese “inconsciente cognitivo” que trata de eludir en reparar que sí, que en la habitación española hay muchos elefantes. Suicida. Mucho más cuando ese periódico -siempre grande, antes y ahora- es la referencia de una derecha española a la que la mayoría de los ciudadanos ha encomendado su gobierno. Es de esperar que la falta de percepción visual del diario no sea la misma que afecte al Gobierno y su partido y que ambos, efectivamente, hayan reparado en que una manada de elefantes recorre este bendito país.


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